EDIFICIOS
HISTORICOS
DE
LOS
ALREDEDORES
DE
LA
PLAZA
SAN
MARTIN
Un
viaje
al
pasado
de
vanguardia
y
lujo
de
"la
París
de
Sudamérica"
Un
circuito
turístico
recorre
la
zona
de
los
palacios
y el
primer
hotel
cinco
estrellas.
|
 |
|
|
Adriana
Santagati.
asantagati@clarin.com |
Son
un
puñado
de
manzanas
donde
la
frase
"la
París
de
Sudamérica"
se
corporiza
en
lujosas
residencias,
edificios
de
vanguardia
y
frondosos
árboles.
La
zona
de
plaza
San
Martín
testimonia
parte
fundamental
de
la
historia
de
Buenos
Aires,
que
es
revelada
a
los
turistas
en
un
recorrido
que
les
acerca
otra
cara
de
la
Ciudad:
la
del
pasado
desde
el
presente.
El
tour
lo
organiza
los
jueves
el
hotel
Marriott
Plaza
para
sus
huéspedes.
Pero
los
porteños
pueden
acceder
a
una
visita
muy
similar
que
hace
la
agencia
Eternautas
(ver
Cuándo...).
El
grupo
de
unos
diez
turistas,
casi
todos
estadounidenses,
espera
puntual
a
las
18
en
el
Plaza
Grill
del
Marriott
Plaza.
Florencia,
la
guía
de
Eternautas,
empieza
por
contar
la
historia
del
hotel,
el
primer
cinco
estrellas
de
Buenos
Aires.
Fue
el
sueño
del
empresario
Ernesto
Tornquist,
un
visionario
que
decidió
construir
un
gran
hotel
moderno
para
hospedar
a
sus
amigos
europeos.
Todos
le
dijeron
que
estaba
loco:
había
elegido
un
lugar
despoblado.
Pero
al
poco
tiempo,
y a
medida
que
creció
la
inmigración,
las
familias
ricas
que
vivían
en
el
Sur
de
la
Ciudad
se
mudaron
al
Norte,
y la
zona
se
llenó
de
lujosas
residencias.
Pero
Tornquist
no
pudo
ver
su
obra
porque
murió
antes
de
que
se
inaugurara
en
1909.
Los
huéspedes
se
sorprenden
al
descubrir
que
el
restorán
Plaza
Grill
conserva
una
prensa
de
plata
para
pavos,
ventiladores
de
techo
manuales
"que
funcionan
perfecto"
y
pájaros
embalsamados.
"Era
un
lugar
de
encuentro
y se
traían
piezas
como
éstas,
llamadas
'de
conversación'
porque
tenían
la
función
de
promover
la
charla",
cuenta
Florencia.
De
allí,
el
grupo
cruza
la
calle
para
mirar
el
hotel
desde
la
plaza
San
Martín.
Y
descubre
otro
edificio
emblemático
porteño:
el
Kavanagh.
Inspirado
en
los
rascacielos
de
Chicago,
se
construyó
en
1934
y
fue
el
primero
de
estilo
racionalista
"despojado
y
geométrico"
en
Sudamérica.
La
caminata
sigue
hasta
el
palacio
Anchorena,
la
sede
de
la
Cancillería.
La
familia
levantó
otro
palacio
al
lado
como
regalo
para
una
hija,
pero
se
destruyó
para
construir
lo
que
hoy
es
una
torre
de
oficinas.
Tenía
28
habitaciones,
pero
sólo
un
baño:
lo
importante
era
la
magnificencia.
Tatiana,
una
jubilada
californiana,
anota
todo:
"Fui
maestra
y me
interesa
recordar
después
del
viaje".
Robert,
su
marido,
mira
las
fotos
de
principios
de
siglo
que
muestra
la
guía:
la
Cancillería
está
idéntica.
La
próxima
parada
es
el
Círculo
Militar.
Pertenecía
a
José
C.
Paz,
fundador
del
diario
La
Prensa
y un
hombre
con
altas
aspiraciones
políticas
que
lo
soñó
como
residencia
presidencial.
La
suya,
claro.
A su
muerte,
sólo
su
esposa
y su
hijo
quedaron
habitando
el
enorme
palacio,
que
hasta
tenía
un
cine.
El
tour
vuelve
al
Plaza,
donde
sigue
por
los
salones,
uno
de
los
lugares
donde
la
clase
alta
porteña
comenzó
a
bailar
el
tango.
Y
termina
en
la
terraza
de
la
piscina
del
hotel,
punto
desde
el
que
se
tiene
casi
la
única
vista
de
la
"iglesia
escondida":
el
Santísimo
Sacramento.
Leyenda
urbana
o
realidad,
la
mandó
a
construir
la
señora
Mercedes
Anchorena
para
poder
verla
desde
su
ventana.
Pero
la
rivalidad
social
con
los
Kavanagh
hizo
que
éstos
construyeran
su
edificio
de
departamentos
justo
en
el
medio.
Y la
bellísima
iglesia
quedó
oculta.
Florencia
contará
más
anécdotas,
como
que
las
chimeneas
del
Plaza
se
hicieron
subterráneas
para
que
el
humo
saliera
por
las
mismas
del
Kavanagh
(y
así
no
molestara
a
los
inquilinos)
y
que
las
bolas
de
mármol
de
la
entrada
servían
para
atar
los
caballos.
Todos
secretos
de
una
Buenos
Aires
que
se
miraba
en
los
espejos
del
mundo
y se
reflejaba
en
brillos. |